Aparte

Ha llegado y como siempre ha fingido que no estoy allí. Me acerco y, como era de esperarse, trae algo que me ha conmovido de nuevo. Esta vez, es una chompa que no es de su medida. Se ve curiosa, comemos dulces. Las gomas azucaradas que compró huelen a aromatizantes artificiales una vez que te los metes a la boca, nos hacen sentir enfermos. El chocolate que compré nos quitó el mal sabor aunque es casi igual de desagradable. 

Todo parece estar tranquilo ahora aunque a mí más me parezca una bomba de tiempo, pero nos sentimos tan aliviados que somos conscientes de que algo acaba de llegar y nos ha arrebatado eso que nos agrada pero que a la vez puede hacernos tanto daño. Es una treta muy bien elaborada el hacernos creer que a todos nos gusta sufrir. 
Voy a quitarme la chaqueta,
me quitaré los zapatos
y uno por uno los desperfectos
para poder sentirme 
un poco menos vivo.
De esta manera,
sin la vieja chaqueta
y los zapatos sucios
ni los desperfectos
me veré espléndido
y todos notarán lo radiante 
que puedo llegar a ser.
Podré verme resuelto
(ne-ce-si-ta-do)
aunque, a decir verdades,
nadie note que tengo frío
que estoy descalzo
y que soy netamente
imposible.