Que amo tu materia
y particularmente amo.
Tus cabellos nauseabundos,
tus pies repugnantes,
tus dedos destrozados por ese hábito negligente,
tu esclerótica enrosada e imprudente.
Tu tacto infecto,
tu poder inmundo.
Entrar en comunión con tu sexo
horroroso que palpita,
vulnera y desgarra las comisuras mías.
Más tarde,
cuando trascienda tu sustancia,
aquello que amo más, ¿qué más?
Adoraré tu espíritu.
Único fragmento inmaculado,
solamente mío.
Aleluya,
santísimo sacramento.