A mi izquierda
he encontrado a un niño
lanzando una moneda al aire.
Decide la suerte de la moneda
por medio de la misma moneda.
Cara para comprar unas galletas,
sello para aguardar el hambre.
Ha surgido una nueva forma
de estafar a las cosas.
El mismo día,
que me comprometí a ser simpático,
noté que las recepcionistas tienen muy mal carácter
y que siempre son para nada amables.
Ojalá y Jesucristo no tenga que venir por segunda vez
para imponer algún cursillo de trato afable
a señoritas que estudian taquigrafía,
cómo elaborar documentos en Office
y a fortalecer las uñas para una buena manicure.
-Pero estos casos no fueron hechos
para hacerles el favor de comprenderse.