Carta

Sinceramente, ya no sé que es de Susana.

Recuerdo que decía que me amaba hasta que un buen día se fue, y lo abandonó todo en mí porque no se llevó nada más que su cuerpo. Los últimos días la había abandonado el espíritu, ya ni me permitía besarla. Poco a poco he ido olvidando su voz y hasta su rostro, ya casi no recuerdo el aroma de sus senos. Se marchaba algunos días para tener que regresar con historias qué contar, a pesar de mis reproches. Su compañía agotó mi ropa interior, además de ofuscarme infinitas veces por su desesperante silencio. Cómo amaba a esa perra de mierda.

Qué bueno es poder tomarte

Tu piel, 
áspera y perjudicada.
Tus cejas, tus ojos, tus pestañas;
no, todo lo aborrezco
mientras sea lo que otros prueben de ti.
Dame eso que nadie más quiso,
que alguien no se haya atrevido a tomar;
dame.