Último

Ver al viejo acariciar al gato y, como un acontecimiento inaudito, escucharlo decir -por hoy no más, mañana es otro día, ya lo sabes. Su niña, vestida de rosa, nos ha timado de nuevo aparentando ser una princesa. Está hermosa, y sólo a veces me doy cuenta de que la quiero. Su madre en pijamas y tacos, con el excesivo rímel embadurnado en las pestañas y la recurrente mirada inquisidora -me estoy portando bien, mamá. Su hijo que no está ¿en qué momento se hizo hombre? Es un tanto extraño, le llevo unos años de ventaja y aún no me hago hombre; debe de ser que todavía no quiero. Retornar al gato*, darme cuenta de que está asustado porque la vida se ha alborotado de nuevo y sin razón alguna para mí. Debe ser que ya me voy, pero todavía no quiero.

*¿Qué mierda pasa con los gatos?

Carta

Sinceramente, ya no sé que es de Susana.

Recuerdo que decía que me amaba hasta que un buen día se fue, y lo abandonó todo en mí porque no se llevó nada más que su cuerpo. Los últimos días la había abandonado el espíritu, ya ni me permitía besarla. Poco a poco he ido olvidando su voz y hasta su rostro, ya casi no recuerdo el aroma de sus senos. Se marchaba algunos días para tener que regresar con historias qué contar, a pesar de mis reproches. Su compañía agotó mi ropa interior, además de ofuscarme infinitas veces por su desesperante silencio. Cómo amaba a esa perra de mierda.

Qué bueno es poder tomarte

Tu piel, 
áspera y perjudicada.
Tus cejas, tus ojos, tus pestañas;
no, todo lo aborrezco
mientras sea lo que otros prueben de ti.
Dame eso que nadie más quiso,
que alguien no se haya atrevido a tomar;
dame.

4:29

Hay a veces tantas personas.
Yo no sé si alguno se cuestionará, al menos alguno de sus días, si se siente vivo.

¿Qué intención de seguir acomodando cajas, repetir la misma plegaria en las noches?
¿Seguir queriendo apilar las mismas situaciones con la misma gente 
y la falta misma de detenerse a pensar en qué se está respirando?

Cuántas ganas, excesivas ansias, de probarlo todo y querer más.
Buscaré desatarme del amor en ocasiones, re-elaboraré cada una de tus tretas,
pretenderé que tengo la verdad del mundo y la desbarataré en un instante,
me va a brotar la vida, conoceré al fin qué se siente el dolor;
será entonces cuando siquiera me acercaré a saber qué se siente estar vivo.

Casa

Sus visitas se irán convirtiendo en algo más ameno, volverán las rosas y las parlas con respecto a ellas. El desayuno en las mañanas de verano, las canciones de amor en la radio mientras mamá lee el periódico esperando algún suceso paranormal, la próxima mascota que habrá de morir eventualmente, la menarquía de las Isabelitas. Vendrá a acompañarnos esa mujer con su novio de hace más de treinta años, sus flatulentos hijos gordos y su afección extraña en la tiroides. Alguien volverá a plantar el mismo sauce, la bodega de licores reabrirá al público para ofrecer el verdadero tratamiento para el alcoholismo -puesto que nadie duda de que es una enfermedad. Se reunirán en una mesa de madera pequeña para volver a comer muy apretados, nadie volverá a romper los platos ni a tirar la comida por puro capricho. A nadie se le repetirá que se está en problemas y que necesita de muchísima comprensión, a nadie más le importará encontrarse solo. Volverán los loros en la higuera y, con ella, sus duendes color pastel; el llanto de espanto de la niña que no fue bautizada a tiempo. Le saldrá salpullido en el cuerpo y junto a sus hermanos lo bañarán en una tina con agua caliente de la misma tetera y un poquito de Muñequitazul. Me alimentaré de lo más hermoso, casi surrealista cuya esencia nadie más pueda arrebatarme. Nos vamos a decir que nos amamos y que nos detestamos al mismo tiempo. Vamos a correr, correr y correr pero muy despacio. Haremos que nuestro festín perturbe toda la cuadra, sobre todo a esos vecinos que parecen tener un afta en el culo. Alguien notará por fin que la casa no está vacía, que solamente fue un rumor y que está invitado a pasar. Sí, adentro.
A mi izquierda
he encontrado a un niño
lanzando una moneda al aire.
Decide la suerte de la moneda
por medio de la misma moneda.
Cara para comprar unas galletas,
sello para aguardar el hambre.
Ha surgido una nueva forma
de estafar a las cosas.

El mismo día,
que me comprometí a ser simpático,
noté que las recepcionistas tienen muy mal carácter
y que siempre son para nada amables.
Ojalá y Jesucristo no tenga que venir por segunda vez
para imponer algún cursillo de trato afable 
a señoritas que estudian taquigrafía,
cómo elaborar documentos en Office
y a fortalecer las uñas para una buena manicure.

-Pero estos casos no fueron hechos 
para hacerles el favor de comprenderse.

Aparte

Ha llegado y como siempre ha fingido que no estoy allí. Me acerco y, como era de esperarse, trae algo que me ha conmovido de nuevo. Esta vez, es una chompa que no es de su medida. Se ve curiosa, comemos dulces. Las gomas azucaradas que compró huelen a aromatizantes artificiales una vez que te los metes a la boca, nos hacen sentir enfermos. El chocolate que compré nos quitó el mal sabor aunque es casi igual de desagradable. 

Todo parece estar tranquilo ahora aunque a mí más me parezca una bomba de tiempo, pero nos sentimos tan aliviados que somos conscientes de que algo acaba de llegar y nos ha arrebatado eso que nos agrada pero que a la vez puede hacernos tanto daño. Es una treta muy bien elaborada el hacernos creer que a todos nos gusta sufrir. 
Voy a quitarme la chaqueta,
me quitaré los zapatos
y uno por uno los desperfectos
para poder sentirme 
un poco menos vivo.
De esta manera,
sin la vieja chaqueta
y los zapatos sucios
ni los desperfectos
me veré espléndido
y todos notarán lo radiante 
que puedo llegar a ser.
Podré verme resuelto
(ne-ce-si-ta-do)
aunque, a decir verdades,
nadie note que tengo frío
que estoy descalzo
y que soy netamente
imposible.

Procreación

Aunque la muerte
se halla en tu bebida
serás por siempre de esta vida
el mismo principio de la vida.
Roberto Luján