Último

Ver al viejo acariciar al gato y, como un acontecimiento inaudito, escucharlo decir -por hoy no más, mañana es otro día, ya lo sabes. Su niña, vestida de rosa, nos ha timado de nuevo aparentando ser una princesa. Está hermosa, y sólo a veces me doy cuenta de que la quiero. Su madre en pijamas y tacos, con el excesivo rímel embadurnado en las pestañas y la recurrente mirada inquisidora -me estoy portando bien, mamá. Su hijo que no está ¿en qué momento se hizo hombre? Es un tanto extraño, le llevo unos años de ventaja y aún no me hago hombre; debe de ser que todavía no quiero. Retornar al gato*, darme cuenta de que está asustado porque la vida se ha alborotado de nuevo y sin razón alguna para mí. Debe ser que ya me voy, pero todavía no quiero.

*¿Qué mierda pasa con los gatos?